III TRAIL Y CAMINATA SOLIDARIA DE MADRIDEJOS. COMO DOS MADRIDEJENSES MAS.

         Crónica de Miguel Angel Rozas Rodriguez.







III TRAIL Y CAMINATA SOLIDARIA DE MADRIDEJOS.

COMO DOS MADRIDEJENSES MAS.



¿Y porque nos fuimos a Madridejos precisamente?, pues porque allí se celebraba el III Trail y caminata solidaria de Madridejos, prueba que está muy directamente relacionada con el personal que forma parte del dispositivo de protección contra incendios forestales de la Comunidad de Castilla La Mancha. La verdad es que se trata de una prueba muy entrañable y con muy buen ambiente. En este servicio tenemos familia y buenos amigos y además durante un tiempo también formé parte de él. El caso es que nos gusta ir y de momento no nos hemos perdido ninguna de las tres ediciones. Tiene además la particularidad de que cada año se celebra en una provincia diferente de la Comunidad. Comenzó en el 2016 en Marques del Viso (Ciudad Real), continuó en el 2017 en Uña (Cuenca) y este año tocaba Madridejos (Toledo). Y para el 2019, ya está confirmado que se celebrará en Guadalajara, con lo que ya os informaremos en su momento.







Viaje cómodo, cercano y en buena compañía. Con Raúl, amigo y compañero de trabajo y David, hermano y cuñado, y con la intención, como siempre, de que "se nos pegue algo". La prueba empezaba a las 11:30 con lo que tampoco fue preciso el madrugón. Llegamos con tiempo de sobra recogimos el dorsal y una generosa bolsa del corredor, saludamos a los conocidos y nos planteamos la estrategia de carrera. El recorrido casi era un desconocido para nosotros y casi hasta para los organizadores, porque al parecer tuvieron que hacer alguna modificación de última hora a causa de una montería…en fin … ”con la iglesia hemos topado”. Pero la estrategia fue un trámite sencillo y corto, porque solo había una posible, ir los dos juntos y mi labor sería la de intentar echarle una mano a Angela con el ritmo de carrera. Vamos, lo que popularmente y en el argot atlético se suele denominar “hacer de liebre”. Por cierto, mi debut como “liebre”.







Llegada la hora prevista, se dio la salida y comenzó la historia de nuestra carrera. No llevábamos muchos metros cuando llegó el primer obstáculo duro, todo un aviso para navegantes. Tras un giro a derechas nos enfrentamos a la dura pendiente del primer cortafuegos del día. La subimos con tiento, sin prisa pero sin pausa, paso a paso, step by step, despacito y con buena letra. Coronamos y a continuación un tramo corto llaneando y llega la primera bajada del recorrido; también corta, pero donde me doy cuenta de que mi compañera de fatigas no corta el mar sino vuela bajando. Quizás ha tenido buena profesora o ha sido alumna aventajada o a lo mejor las dos cosas. Pero este tramo solo fue un breve respiro, porque el trazado nos deparará varios kilómetros de constante subida por más cortafuegos. Buenas vistas, pero subidas interminables. Tras una cuesta, le seguía otra más dura, y a esta una tercera mayor que nos da paso a su vez a la cuarta y así hasta el infinito y más allá. O eso nos pareció a nosotros. Al final, los primeros seis kilómetros, salvo ese pequeño oasis antes relatado, fue un constante y continuo ascenso salvando al final holgadamente los 400 metros + de desnivel. Pero todo comienzo tiene su final y la pendiente positiva terminó y dio paso a la negativa. Y si la positiva la sufrimos, la negativa ¡como la disfrutamos! Fueron dos los descensos especialmente pronunciados los que quedarán como nuestro mejor recuerdo de la carrera. En ellos nos lanzamos en tropel, a tumba abierta, a mansalva, a degüello, como una marabunta, a cobrarnos víctimas, a rebanar cabezas, a recuperar puestos que algun@s ya daban por conquistados y, para que engañarnos, a poner nuestros privilegiados físicos en peligro. Yo bajé a muerte, mirando de vez en cuando de reojo para ver si mí pupila se quedaba atrás, pero nada más lejos de la realidad; ahí la tenía, a rebufo, chupando rueda, o quizás mejor zapatilla. Pero no se conformó solo con eso y en el último tramo bajamos a la par, casi de la mano, casi un face to face, casi un pasa tú primero, que a mí me da la risa. Nuestros rivales se apartaban entre una mezcla de asombro y admiración, de hecho, me pareció ver a unos quince o veinte ovacionando y a otros aproximadamente treinta haciendo la ola. Creo que en algún momento el disfrute de ambos fue tal que incluso nos brotaron carcajadas a todo lo que nos daba tanto la parte anterior del maxilar superior como la parte posterior del maxilar inferior, que no paraba de subir y bajar frenéticamente. A mandíbula batiente en resumen.








Pero nuevamente todo llega a su fin. Brusco giro a la izquierda y fin del espectáculo del descenso. Ahora pasamos a un falso llano con ligeras subidas y bajadas, esos tramos donde lo que te apetece es correr y darlo todo, echar el resto, sudar la gota gorda, ir a por todas, no dejar nada para mañana. Y a ello nos pusimos, yo delante y ella detrás, a mi vera, como mi sombra; éramos dos en uno, como Ramón y Cajal, como Gabriel y Galán, como Ortega y Gasset, como Menéndez y Pelayo. Cogiendo ritmo, cogiendo frecuencia, mirándola de reojo y sintiendo su respiración, ahora ya más agitada. Los metros volaban uno tras otro, igual que las decenas de metros, y que los cientos de metros e incluso algún que otro millar de metros. Pero los relojes indicaban peligrosamente que nos acercábamos al kilómetro 10 y no había ni rastro de meta. Es una trampa compañera. El viejo truco de decir que son 10 y te meten doblado otro más cuando ni te lo esperas, ni querrías esperarlo, ni es bienvenido. Pero esto es “asín”, o sea que no queda otra que apretar los dientes y el culo, atarse los machos, hacer de tripas corazón y seguir. Y seguimos, claro que seguimos, quizás con un ritmo no tan alegre, pero seguimos. ¿Qué la meta estaba un poco más lejos?, da lo mismo, llegará, por más lejos que esté llegará y llegaremos a ella. Y por supuesto que llegó, a los postres del kilómetro 11, pero llegó. Y llegamos claro, y la cruzamos juntos. Contentos y satisfechos por hacerlo juntos y sobre todo contentos y satisfechos por hacer algo que nos apasiona, correr.







Y además con premio y sorpresa final. La primera medalla para Ángela como villana. Cuarto puesto de su categoría y por tanto una muy merecida “medalla de chocolate”. La más deseada, la más rica, la más sabrosa, la más suculenta y la más apetitosa. Eso sí, chocolate 70% cacao y 30% azúcar, duro, consistente y amargo, un poquito más amargo que dulce; con esa mezcla que lo hace tan absolutamente irresistible.







Crónica dedicada a Ángela. Correr es hoy mi pasión porque ayer ella me animó y alentó a probarlo. Gracias infinitas.



191 llegados a la meta.


NombrePuestoCategoríaPos.CatTiempo Neto
Angela Alonso Alonso110VetA_F41:23:04
Miguel Angel Rozas Rodríguez111VetB_M201:23:04

3 comentarios:

Isaac Pinto dijo...

Que bueno!!!! Me alegra ver cómo compartis algo tan bonito como es la montaña. Ten cuidado Ángela que te buscan un lío por menos de nada ;D

Buscalios Strikes Back

José Valencia dijo...

Que gran acierto el haberte "admitido" en este club. Fuerzas renovadas, ilusión y un aporte de relatos y crónicas impagable. Palabra de bloguero.

Y encima en la "mochila" te has traido a Angela.

Me encanta.

ENHORABUENA A LOS DOS.

David Alvarez Rubelo dijo...

Muy bonita!
Enhorabuena a los dos!

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