Hasta que llegó su hora.


II TRAIL DE CALAMOCHOS - CASAVIEJA - ÁVILA

Casavieja 27 de octubre, un chuleton de los buenos nos esta esperando....

Éramos tres los corredores, y bien podríamos ser como en la película de Sergio Leone, “El bueno, el feo y el malo”




Pero entraríamos en una discusión sin fin de a quien le cargamos con cada adjetivo, ya que feos no somos ninguno para cada una de nuestras madres, la bondad es muy relativa y depende a ojos de quien se juzgue, y malos podríamos ser los tres dependiendo de a que apartado condicional hagas referencia.

Por lo que como este Trail de Calamachos tenía toda la pinta de uno de aquellos sesenteros espaguetis western, que nos cascábamos en los ochenta en las salas de cine de doble sesión junto a una de Bruce Lee o de perros callejeros, llamaremos a la crónica…



                  El ….., el ….. y el ……


Aunque los pistoleros tenemos fama de violentos y pendencieros tenemos nuestro propio código ético, y si bien desenfundamos nuestras armas a la menor ocasión sea propicia o no, cuando decimos que vamos, vamos de verdad. Y por tercer año consecutivo acudimos a la llamada del pistolero David Alonso y Laura Robledillo, con la excusa de correr un trail o carrera de montaña. Porque nuestra palabra vale lo que valemos nosotros.


Aunque es indudable que andamos fuera de forma… aunque es un hecho bien cierto que era una semana después de recorrer las montañas de El Escorial. Aunque el Alien de mi tobillo amenazaba con abducirme de forma transversal en cualquier momento. Aunque amenazaba frio y lluvia. Aunque el horóscopo decía que no. Allí que fuimos.
30 kilómetros, 1700 metros de desnivel positivo. Dos kilómetros menos que el pasado año, pero un desnivel de casi 600 metros más y un terreno por el que transitar más duro, menos asequible.




Sufrimiento, estoicismo, resignación…justo lo que más nos gusta.


A lomos de nuestros caballos salimos junto a otros CINCUENTA Y PICO de la plaza de Casavieja, al trote, con el sonido de los cascos retumbando por la empedrada calle apenas paliado por la banda sonora de Ennio Morricone.


Una cuestecita tipo autos locos para salir del poblado y un poquito de llaneo antes de comenzar la ascensión.
Como no sé como pisar para no sentir la queja del octavo pasajero me voy quedando rezagado, tanto lo hago que me doy cuenta que voy último (por fin lo conseguí, después de varias tentativas). Lento, timorato y dócil, sobre todo en estos primeros kilómetros, donde el miedo a hacerme daño (un poco más) atenaza mis fornidas piernas. Adiós Fernando, Adiós David, adiós al único invidente que compite en "la larga" y su guía (que merito), adiós al que cierra los bares en Casavieja (que también corre y no es David).
Al galope cochinero comenzamos la escalada, por sendas y trochas que sesgan el camino, entre los pinos del bosque sobre el alfombrado suelo de hojarasca otoñal. No hay una señal clara que nos guie los pasos, por lo que hay que levantar los ojos del suelo para que nos guíen las balizas rojas y blancas de la organización.




Al poco adelanto a David y llegando al refugio de Majamel situado a 1080 metros de altura a Fernando, aunque los dos van pocos metros por detrás, en un “casi trenecito”.
Llevamos las pistolas cargadas sin necesidad de hacerle muescas, y las cartucheras llenas de munición aún. Cualquier duelo cara a cara con los kilómetros que vendrán lo afrontaremos sin pestañear, nuestra ley y la religión es un colt.



Haciendo las típicas zetas de las ascensiones montañeras llegamos al alto de Calamochos a 1340 metros de altura (la cota máxima a la que se llegaba el año anterior, con esto digo todo y no digo nada). Allí, en la suerte de cantina, no hay bailarinas de salón, ni escupideras, ni sirven whisky o zarzaparrilla, aunque los colores del isotónico que sirven son variopintos y versátiles.  Hay fruta del tiempo y gominolas, muchas gominolas.





Llega la única parte del recorrido con pista en la que se puede correr, incluso el terreno llega a inclinarse hacia abajo hasta volver a alcanzar los 1100. Son unos 4 kilómetros. “Se puede correr” para mi es eufemismo, pues por más que le voy rezando a San Genaro para que Sigournei con lanzallamas se me aparezca y acabe con el bicho del tobillo, este se aferra al hueso con sus dientes afilados y voy a poco más de 7 minutos el kilometro que ya me parece bárbaro. Mis dos compañeros de bravuconadas y de duelos al sol, esos indomables cazadores de recompensas, me vuelven a decir adiós a menos de cinco el kilometro. Por un puñado de kilómetros.



Pero por suerte más que por el propio deseo, se vuelve a subir. Ahora se trata de una de las buenas de verdad, una pendiente en progresión sin fin y sin descansos en los que especular, 600 metros positivos salvables en poco más de 4 km para llegar a los 1774 de altura del Puerto del Alacrán. 

A medida que remontamos desnivel el frio se agudiza, el vendaval se acelera, a la par que nuestro pulso, y la niebla ciega nuestro avance sin atisbos de mejora a cada pisada.  
La montaña empieza a mirarme cara a cara, a los ojos, amenazadoramente. Yo no pierdo las agallas, ajusto el ala de mi sombrero, masco tabaco, desenfundo y me enfrento a ella sin temor. Aunque se mi status de provisionalidad y el suyo de perdurar pase lo que pase. Somos brizna en el monzón.

Poco a poco voy recortando distancias, en cada recodo voy divisando la camiseta setera de The Influencer y un poco más allá una grupeta donde esta David Alonso, al que todos aclaman y ovacionan en cada  recodo del camino, ya sean avitualladores, animadoras, fotógrafos, vaqueros, sioux o confederados,  (es un ilustre de Casavieja) (es el más ilustre de Casavieja) (el Sheriff de Casavieja). 
A pocos metros de la cumbre me engancho a Fernando, nos hacemos un "instagran" y decidimos seguir juntos pase lo que pase, porque si “la montaña tenía un precio” mejor es pagarlo a pachas que hacerlo cada cual por su lado y en largos y penosos plazos.





Vamos llegando al puerto de El Alacrán y el sol se va muriendo entre las nubes negras, sopla un aire glacial y no lo hace a nuestro favor. Pero hay que seguir, no hay otro remedio, no podemos volver, no debemos quedarnos, no sabemos rendirnos, no habrá paz para los percherones. 

Soy un profesional de  ESPUPIR AL CIELO.


Las nubes tapan por completo la cuerda de la sierra.
Recomponemos nuestros trajes, nos ajustamos el chubasquero, jugamos a un calienta manos por intentar sin éxito darles calor.
El viento sopla de lado sin piedad. La cortina de niebla se hace cada vez más espesa. Y sobre nuestras cabezas como una letanía suena una armónica con una inconfundible composición de Morricone.


Seguimos el cordal, hecho de piedra rota como un hemisferio imperfecto, nos pegamos a la granítica pared de la cumbre pero de repente nos damos cuenta de que no hay balizas para seguir. En algún punto entre nuestra consciencia e inconsciencia hemos perdido el trazado, y no somos los únicos….
En algún momento predecible por el aire que hacía, en la cuerda las frágiles balizas de cinta de señalización han volado hacia cualquier despeñadero al borde de algún infinito precipicio, y con ellas nuestro camino a seguir, y no somos los únicos……


Ahora somos cinco los que hemos perdido el camino.

Tras varias deliberaciones de si tirarnos por allí o por allá, de si volver sobre los pasos erráticos, de si qué sino pasamos el control de La gamonosa (la cumbre a 1902 metros) nos descalifican después de tanto “sufrimiento”, decidimos jugarnos a piedra, papel, tijera, quien saca su móvil y a duras penas con los dedos helados miramos en el track de wikiloc donde demonios nos encontramos.
Así, tras una eternidad perdida en el segundero pero ganada en vida (sentir es vivir), volvemos a la senda. Miramos a la Gamonosa que nos reta “Desenfunda forastero” mientras suelta una sonora carcajada. Entre el límite de Casavieja y Mijares. En la frontera de lo real y lo ficticio. 

Tras la alta montaña, el descenso nos parece gloria bendita.  Son aproximadamente 10 kilómetros, con bastante tramo técnico, pero ya con menos frio. Los 3 compañeros de perdida que parecen avezados montañeros nos han dejado, y Fernando y yo afrontamos esta parte como cualquier salida de sábado o domingo, sin nadie por delante, sin nadie por detrás. Diciendo adiós a la niebla del cordal.







Rodando, rodando, pero sin licencias, vamos bajando. Pie izquierdo, pie derecho. Ojo avizor para no tropezar por entre trochas, sendas de vaqueros, maleza, pedreas y troncos caídos. 





Solo me tuerzo el tobillo una vez. Parece que voy aprendiendo.






Vamos llegando a lomos de nuestros caballos, tras el botín conseguido allá en las alturas. Nos acercamos a Casavieja, cruzando prados sin vedar, bosques sin talar, arroyos en los que fluye cantarina el agua. Vemos níscalos y vamos oliendo el humo de las chimeneas que ya están cercanas. 
Pero vale ya de cursilerías, que yo me enciendo cerillas con la barba.

Llegamos a meta, no hay arco que se lo ha llevado el viento.




Están nuestras chicas esperando, siempre están.
Desenfundamos e inundamos de plomo el cielo de Casavieja. 
Todo lo demás es una historia difícil de contar aquí, prefiero dejarlo en mi mochila de los buenos momentos con los buenos amigos, antes que esparcirlo en el pozo sin fondo de este blog.






Solo comentar que dimos cuenta del chuletón. Que nos espero. HASTA QUE LLEGO SU HORA.






Otro reto conseguido. 
Gran carrera si te gusta lo difícil , gran ambiente, buena gente,  grandes amigos. Palabra de pronador…..errante. 





NombrePuestoCategoríaPos.CatTiempo Neto
David Alonso Jiménez34Vet_M185:08:18
Fernando Úbeda Bravo40Vet_M205:43:59
José Fernández Valencia41Vet_M215:43:59

3 comentarios:

Miguel Ángel R. dijo...

La verdad, cada vez resulta mas complicado comentar tus crónicas porque cada una supera a la anterior o como mínimo la iguala. Lo difícil no es tener el nivel de cronista que tienes sino mantenerlo y siempre lo consigues. Una vez mas enhorabuena por tu crónica.

Y felicidades a los tres por terminar la carrera que tiene pinta de que no debió ser nada fácil.

Unknown dijo...

Que buena la crónica Jose. Yo creo que me ha gustado incluso más que la anterior si cabe.

Vaya carrerita dura os tuvisteis que meter para el cuerpo.... Enhorabuena a los tres.

A ver si podemos apuntarnos algun año.

Ángela.

P.D.: Saludos a tu Alien, espero que te deje pronto que todavía le coges cariño.

David Alvarez Rubelo dijo...

Muy chula!
Siempre nos sorprendes.
A por la próxima!

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